París,2011.

París,2011.

Patricia Fernández Miranda

La pintura y la poesía se entremezclan en mí, son visiones y experiencias que convergen en la complicidad del instante.



jueves, 14 de abril de 2011

La espera


 Acrílico s/lienzo, 54 x 73 cm, 2011
  “Poema LIX”
  (Del libro “Poemas sin nombre”. Dulce María Loinaz)
Te digo que sigas tu camino sin el temor de perderme. Te digo que has de encontrarme cuando vuelvas, aunque tardes mil años.
Pues que eres débil y te empuja la vida, ve donde te lleve. ¿A qué luchar, si lucharías en vano?
Yo seré fuerte por ti. Con tus claudicaciones voy a fabricarme una montaña, y me sentaré en la cumbre a esperarte.
No temas que sienta el frío de la noche o que el frío me arredre. No hay invierno mas frío que mi invierno, ni noche mas profunda que mi noche…¡Yo soy quién va a congelar el viento y a oscurecer la tiniebla!
De veras te digo que sigas tu camino, que para esperarte tendré la inmovilidad de la piedra. O más bien la del árbol, agarrado a la tierra rabiosamente.

Deseo II

Acrílico s/lienzo, 65 x 54 cm, 2011.
                           "Deseo”
Del libro “Versos”, 1920-1938 Dulce María Loinaz

Que la vida no vaya más allá de tus brazos.
Que yo pueda caber con mi verso en tus brazos,
Que tus brazos me ciñan entera y temblorosa
Sin que afuera se queden ni mi sol y mi sombra.

Que me sean tus brazos horizonte y camino,
Camino breve y único horizonte de carne:
Que la vida no vaya más allá… ¡Que la muerte
Se parezca a esta muerte caliente de tus brazos!...

Tu voz


Acrílico s/lienzo, 46 x 65 cm 2011.

 “Poema XLVIII”
Del libro “Poemas sin nombre” Dulce María Loinaz.
Tú me hablabas, pero yo no sabía desde donde. Y sentía tu voz, tu misma voz fluyente y cálida, un poco ronca, a veces, por la emoción que se te apretaba en la garganta…Tú me hablabas, pero yo no sabía desde donde, ni distinguía tus palabras; solo percibía tu voz naciendo, como la noche, de todos los puntos del paisaje.
Y tú voz era una ola tibia que me envolvía, poco a poco primero con blandura de marea alucinada por la luna, y arrebatadora después, con sacudidas de tormenta que se infla por el horizonte.
Era tu voz otra vez- ¡y cuando no fue tu voz!...- la que yo sentía no solo en mis oídos, sino en la misma carne, como ola de agua, de fuego, como ola espesa que avanzaba creciendo…
Era tu voz, fantasma de mi oído, sabor recóndito y constante de todas las músicas, de todas las palabras, de todas las voces que han sonado en mi vida después de ella; era tu voz, tu misma voz única e inextinguible siempre, que me envolvía, que me cercaba, que me doblegaba el alma reacia, súbitamente estremecida…
Pero yo no sabía desde donde me hablabas…Era tu voz, sí, tu misma voz de fuego y agua y huracán. Pero yo miraba temblando en torno mío, y solo veía las desnudas paredes del silencio.

Miedo

 Acrílico s/lienzo, 46 x 65 cm, 2011.
 “Poema XVII”
  (Del libro “Melancolía de otoño”)
Yo se que tú has tenido miedo anoche. Yo vi cuando te volviste convulsamente cara a la pared.
Fue en lo más hondo de la noche, cuando hasta el viento había enmudecido afuera y el reloj detenido marcaba horas absurdas.
Yo vi cuando arrojaste tu lámpara apagada y agitaste en la sombra una mano abierta y temblorosa; yo escuché el castañeteo de tus dientes y el golpe entrecortado de tu corazón.
Y ahora vienes a mirarme con tu mirada limpia y firme y me hablas sabiamente de la vida y tu gesto es magnífico y es fresca tu sonrisa…Pero antes que la sonrisa y el gesto yo se que tú has tenido miedo anoche.